La programación de nuestro insconsciente

February 19, 2018

 

Somos seres programables y tenemos la capacidad de acumular información que nos ayude a tomar decisiones en el futuro. Nuestro cerebro recibe información tanto de nuestros cinco sentidos como de nuestras emociones, sentimientos y pensamientos internos, y tiene una impresionante capacidad de acumulación y asociación. Este órgano lo recoge todo a su paso, como esponja, desde niños, incluso desde cuando estamos en el vientre materno.

 

Está comprobado que desde el vientre materno el bebé acumula información en su red neuronal a partir de las conexiones sinápticas. Obviamente en el vientre materno ocurren grandes aprendizajes para el nuevo ser humano, aprendizajes que estarán totalmente enraizados en su cerebro el resto de la vida. Lo que vivimos en el interior del vientre materno nos comienza a programar, haya sido positivo o negativo. Pero, ¿qué es lo que vive el feto dentro de la madre? ¡Una gran cantidad de experiencias! A partir del tercer mes nuestro oído ya está activo, así que ya podemos escuchar el latir del corazón de nuestra madre, y también el nuestro. Ambos generan un ritmo o música que hace eco en el ambiente acuoso en el que vivimos.

 

Cuando el ritmo es armonioso, porque el corazón de ambos está tranquilo, todo es paz y felicidad, pero cuando el corazón de nuestra madre se acelera por emociones negativas, como miedo, estrés, ira, tristeza o culpa, nuestro corazón también altera sus latidos y la música se rompe. Incluso en momentos de estrés o miedo de la madre, por el cordón umbilical fluyen hormonas como el cortisol (lo mismo sucede con las endorfinas o dopaminas en momentos de felicidad). Así, el bebé en gestación aprende de las emociones positivas y negativas por las experiencias con las correspondientes emociones de la mamá.

 

Lo que el padre y la madre vivan durante el tiempo de gestación del bebé, será crucial en la pre-programación del bebé a lo largo de su vida. En algunas ocasiones esta programación es más poderosa que en otras: en algunas es muy positiva y en otras muy negativa.

 

El ser humano en realidad puede viajar conscientemente a lo largo de su vida y de sus recuerdos inconscientes, reprogramar lo que guste y empoderarse a sí mismo en cualquier época de su vida.

El ser humano viene programado con muchos instintos y estos son evidentes desde cuando nacemos. Sentimos hambre y lloramos buscando la atención de nuestra madre o padre; nos meten al agua y agitamos brazos y piernas buscando mantenernos a flote; sentimos sueño y buscamos un lugar cómodo y seguro para descansar.

 

Estas son programaciones biológicas, de millones de años de evolución, que vienen cargadas en nuestro inconsciente, y qué nos ayudan mucho a sobrevivir y mantener viva la especie. Sin embargo, muchas otras programaciones le corresponden a nuestra vida actual, exceden los límites de la biología como tal, y por ende tenemos mayores posibilidades de reprogramarlas para ser más felices y exitosos.

 

Tengamos presente algo muy importante: dentro de nosotros, ya de adultos, sigue viviendo un feto en gestación, un bebé, un niño, un adolescente y un joven. Cada uno de ellos tiene muchas necesidades y sufrimientos inconscientes, y ellos tratan de manifestarse todo el tiempo, queriendo ser tenidos en cuenta por nuestro cuerpo de adulto. Por ello, seguramente, nos es tan difícil ser felices y exitosos, porque cuando cumplimos un sueño del niño interno, el adolescente se siente olvidado, cuando le damos gusto al adolescente, el niño se siente abandonado.

 

Imagina que fuiste programado durante tu niñez y adolescencia sin que te dieras cuenta, sin que lo analizaras, incluso sin que tus papás fueran conscientes de que todo lo que veías o escuchabas era absorbido por tu cerebro como una esponja. Hoy, dentro de ti hay un niño que actúa a su modo, que vive operando a partir de cómo fue programado para sentir miedo, celos, tristeza, inseguridad, felicidad y alegría. Ese niño sabe cómo defenderse, encontrar calma, superarse, competir, relacionarse, y todo el tiempo te empuja a hacer predicciones y reaccionar emocionalmente con base en su programación. Por otro lado está el tú adulto, que tiene sus propios ideales, objetivos, sueños, miedos y la capacidad de racionalizar situaciones. Así, tu cuerpo y cerebro están atrapados entre la visión y enfoque de vida de las dos identidades, de los dos individuos. Hay una desalineación, un desbalance que tu cuerpo y sistema emocional resienten y, aunque te resulte difícil de creer, quien gana normalmente es tu niño interior.

 

Al vivir comparándonos y comparando a otros, nosotros sufrimos y los otros sufren. Y ante cada comparación, la persona tiende a llenar los huecos de información de una manera muy inconsciente, incluso sin darse cuenta que esa comparación y deducción eventualmente le podrá hacer daño. Es decir, cuando vemos lo que otros hacen, logran o reciben, en nuestra mente se producen dudas: “¿Por qué yo no podré hacer eso?”, o “¿Por qué yo no soy admirado como el otro?”. Y las respuestas que nosotros mismos nos damos, en ocasiones negativas sobre nosotros mismos, se guardan en nuestro inconsciente y se convierten en “VERDADES” con la repetición constante a lo largo del tiempo.

 

El ser humano tiene el instinto de no quedarse con huecos de información, siempre quiere tener una respuesta, porque, hasta cierto punto, la duda le duele al cerebro. Cada vez que tenemos una duda, nuestro cerebro se encarga de llenarla con algo de información, generalmente con lo que le parezca más lógico. Y así, el niño y adolescente, lleno de dudas, va llenando los huecos con interpretaciones básicas, sin darse cuenta que estas le pueden afectar en el futuro.

 

Vives como fuiste programado, hasta el momento en que despiertas, tomas el control de tu vida y comienzas a redefinirte, quedándote con lo que te sirve y desechando aquello que no te sirve. La vida está llena de cosas maravillosas, pero no la vemos así porque se nos van los días viviéndolos de manera inconsciente. Mira la flor en la terraza de tu casa, ¿cuál fue la última vez que la disfrutaste, la regaste, la oliste? Si no conoces tu pasado no eres capaz de entender tus relaciones y emociones actuales, y por ende no estás en pleno control de tu vida.

 

Lo que en realidad somos, no es lo que en esta vida vemos, sentimos o pensamos. Somos mucho más que eso, somos todo lo vivido, sentido y pensado en otros tiempos y vidas. Nuestro alma va vagando por otros tiempos y planos y, todo ello, se va arrastrando vida tras vida, pero una parte puede quedarse bloqueando nuestro crecimiento y manifestarse como memorias almacenadas en nuestro subconsciente.

 

La energía generada con determinadas actitudes, experiencias, decisiones, etc., sigue con nosotros negándose a ser trasmutada, formando parte de nuestro inconsciente y alimentando a la sombra. Todo esto, puede ser identificado y sanado, si nos proponemos enfrentarlo y transmutarlo. Estos bloqueos nos condicionan la situación actual y, por ello, conviene identificarlos, reconocerlos, desbloquearlos y sanarlos.

 

La pregunta es cómo lo logramos,  y la respuesta ha estado siempre delante de nosotros. Es cambiando tu realidad y tu punto de vista, mediante el empoderamiento, cambiando todos esos bloqueos por alegría y gratitud. Por ejemplo, estamos en una atasco de coches enfadados, con prisa, después de haber pasado una jornada laboral pésima y tienes que volver a casa para ocuparte de tu familia, piensas, "vaya día de mierda, seguro que al volver a casa me encuentro alguna sorpresita y mañana va a ser igual" o "Este día no me depara nada bueno".  Cambia esa programación que has echo a tu subconsciente y cambia esos pensamientos y emociones por otras. Por ejemplo: "Ahora me toca descansar y estar conmigo mismo" "Todos los días de mi vida aportan tranquilidad" "Mi vida es maravillosa".

 

Importante hace falta constancia, paciencia y hacerlo en cada instante de tu vida, como en un ordenador, pueden salir esas emociones y pensamientos por defecto. Y si te equivocas, se flexible contigo mismo, somos humanos y nos diferenciamos porque de nuestros errores sacamos soluciones hacia un mejor camino. 

 

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